ROYAL HOTEL. DE LUJO EN EL SALITRAL A HOSPITAL, DESPUÉS ASILO, HOY RUINAS
Dos significativos loteos turísticos se dieron de manera simultánea a comienzos de los años 20 en Epecuén. Uno se llamó ‘Mar de Epecuén’ y el otro ‘Minas Epecuén’, estando separados ambos por una calle que nacía en la Estación Ferroviaria y moría en la orilla misma del lago.
El primero fue idea de Dr. Arturo Dalmacio Vatteone, siendo 1921 el año de habilitación del balneario y loteo. Por su parte la Sociedad ‘Minas Epecuén’ había nacido en 1909 para explotar la mina de Sulfato de Sodio actividad que desarrolló, anexando en 1925 la actividad turística y el loteo de sus tierras en el llamado "Barrio parque Minas Epecuén".
La Sociedad Minas Epecuén levanta un complejo ultramoderno en su barrio mientras que vatteone, con pocas exigencias edilicias se dedica a solamente vender lotes en su sector.
Las exigencias edilicias del Barrio Parque Minas Epecuén fueron muy diferentes, lo que hizo que el loteo de Vatteone prosperara más rápido.
NACE EL ROYAL HOTEL
Ante lo renombrado de Epecuén y su desarrollo futuro, hacia 1925 desembarca un estanciero oriundo de Pigué llamado Pablo Alric, quien levanta un modesto hotel al que bautizó "Paris Hotel" en el Barrio Parque. Tras pocas temporadas arrienda el establecimiento a dn Tomás Terán quién, casado con Margarita Bercellino, lo explota y mejora considerablemente. Cuenta ‘Rulo’ Fernández Badié en su libro que esta familia tenía un parentesco con María Luisa Beatriz Terán o Mary Terán, la más destacada tenista de antaño.
Vaya a saber uno que problemas económicos habrán ocurrido en el ‘Royal Hotel’ que en abril de 1932 por división de Condominio y como Judicial se rematan todas las existencias del mismo, es decir mobiliario, mercadería, comestibles y bebidas, alejándose la familia Teran de Epecuén.
Su nuevo dueño, el empresario Antonio Sívori, en ese mismo año lo amplía considerablemente, construyendo un gran salón de baile y reuniones que sería famoso por mucho tiempo. También arrienda el espigón de la Soc. Minas Epecuén, una especular estructura de madera con duchas, sanitarios y confitería, que se adentraba muchos metros en la laguna.
Sívori, un acaudalado empresario porteño, con varias salas de cine de su propiedad, edificios de departamentos, además de manejarse en los ámbitos bursátiles, entre otras cosas, durante un viaje a Tandil conoce a un joven español llamado Genaro Conde Airabella, proveniente de Orense (España) quién hacía poco estaba radicado en Bs.As. y había sido enviado a Tandil por prescripción médica. Inmediatamente le ofrece hacerse cargo del hotel en Epecuén, un lugar que Airabella ni siquiera podía ubicar en el mapa. Éste llega a Epecuén para conocerlo, regresando desilusionado por lo desértico y agreste del paisaje, comentándole a su futura esposa, Carmen de la Fuente, que allí no existía vegetación alguna, tan solo crecían unos árboles que llamaban “tamariscos”. Su esposa acepta el desafió, se casan y luego emprenden el viaje hacia Carhué, haciéndose cargo del manejo del hotel en 1933.
Ya en los años 40’ Sívori les vende las existencias a Airabella quién busca a Pedro Romano, mozo del hotel, para una sociedad pasando a alquilar el edificio. Luego Sívori vende el hotel a su cuñado, Brignardelo, quién es este el que años después les ofrece la oportunidad de comprarlo. También se animan y lo van pagando poco a poco. Para 1947 habían cubierto el pago de gran parte del hotel, en cuotas luego de cada temporada. Sin embargo no se esperaban unas extrañas visitas, aquel tórrido verano de 1948.
Enviados por el Ministerio de Salud Pública, a cargo del Dr. Ramón Carrillo, llegan enviados en busca de un espacio, un hotel para la apertura de un Hospital Hidrotermal para carenciados y obreros. Luego de ver todos los hoteles de la villa, la selección recayó en el Royal Hotel. La noticia les cayó como un balde de agua fría. Ni siquiera lo habían terminado de pagar. La orden de expropiación les llegó pronto, a los pocos meses el dinero. El Hotel dejaba paso al ‘Hospital Hidrotermal.’
RECUERDOS DEL ROYAL HOTEL
Elsa Airabella, es hija de don Genaro y doña Carmen y testigo de aquellos años de esplendor, de dolor e incertidumbre al momento de la expropiación. “Un día llegan unos ingenieros y arquitectos y sin pedir permiso comienzan a tomar medidas de todo el hotel. Papa les dice que el no lo iba a vender, pero le dijeron que si era de utilidad pública, lo tenía que hacer. Cuando llegó la orden, en el contrato de compra venta con Brignardelo había una cláusula que aunque adelantáramos las cuotas, los intereses debían ser pagados, por la inflación. Eso nos partió al medio, porque además de que el hotel valía mucho más que lo que nos pagaron, debimos saldar los intereses. Nosotros inmediatamente alquilamos el Hotel ‘El Pampa’ de los Vivier. Años más tarde cuando ya estábamos en Carhué también alquilamos con Raúl Fernández el de Sotelo y lo bautizamos Marisol, pero eran hoteles chicos y de otra categoría.
“El Royal era un hotel caro y como mama era la comerciante de la familia -papa medio ‘timidón’-, para no perder los turistas q no podían pagar eso, ella decidió alquilar a medias con un socio llamado Vicente el ‘Radium Hotel’, de una familia de Pigué de apellido Armengol. Ambos estaban a una cuadra y pico del Hidrotermal del Minas. Luego el último dueño del Radium fue Vivares pero con otro nombre.”
“La temporada se iniciaba en noviembre y duraba hasta fines de marzo o abril, cuando venían algunos clientes importantes que querían estar solos. Para esa fecha venían de Bs. As. el Primer Cocinero llamado Compani, un segundo cocinero y dos o tres mozos, las mucamas eran locales, tenía también varios comises. Aún viven dos de las mucamas que eran Inocencia Maldonado y ‘Lita’ viuda de Ogueta. Luego estaban las lavanderas hasta que apreció Viñuela con el lavado. Durante el invierno, que estaba cerrado, nos mudábamos a una parte más pequeña del hotel, por la calefacción que era toda a leña, así como las cocinas, y mi mama se ponía a confeccionar manteles, sábanas, carpetitas de las habitaciones, porque todo se compraba en enormes rollos de telas en la capital. Estaban también los peones de cocina, los parqueros, en fin era mucho trabajo, sobre todo en la cocina que se preparaba un buen plato para cada comida, no era a la carta como hoy. Me acuerdo de tener en el menú ranas y perdices, por ejemplo.”
“Teníamos visitantes famosos, porque de dinero eran casi todos, empresarios, profesionales, estancieros, etc. La familia Sandrini también venía al hotel. La madre de Eduardo y Luis se quedaba un mes en Epecuén. Un día no teníamos habitación hasta la noche y llegaron sin aviso. Eduardo era como mas ‘fruncido’, muy diferente a Luis, que era como en las películas y no se enojó. Como habían venido en auto, Luis arrancó y se los llevó a las cercanías del Matadero y a la sombra de los eucaliptos, se duermen una buena siesta al aire libre, cosa que no podían hacer en ningún lado. También venía Maria Duval que era nacida en Bahiá Blanca ya que su familia era clienta del hotel, los Mogilesky. Del cine también vino el director Carlos Hugo Christensen, Amalia Sánchez Ariño, y hasta estuvo el hermano de Evita, Juan Duarte. Y muchos pero muchos mas que no me acuerdo.”
“A los seis meses recién, y gracias a contactos del Dr. Strazzolini que tenía familiares en el Ministerio de Salud, pudimos cobrar. Mi padre había sacado un hipotecario y compró campo, hasta que llegó el dinero pero en esos años los ingresos del campo no eran ni comparables a los del turismo y el Royal. Fue muy duro.”
“El Hospital Hidrotermal que se instaló en el hotel, nunca cumplió la función. Al poco momento que se efectuó la expropiación entró un montón de gente sin tareas, así que durante meses jugaban al truco, a las bochas en el patio, no tenían trabajo porque ni siquiera estaba reacondicionado. Luego cuando se adecuó todo para hospital, en el salón de bailes pusieron boxes con camas, pero me acuerdo que recién entré mucho después… y de haber visto lo que fue el Royal a lo que se había transformado…daban ganas de llorar. Mi mamá nunca pudo ni entrar… pasaba a tres cuadras y se ponía a llorar. Las expropiaciones son terribles.”
Fuentes: Entrevista A Elsa A. de Suárez. Julio de 2008.
Hemeroteca Museo Reg. “Dr. Adolfo Alsina”.




